Tayla Harris, la nueva heroína de la lucha contra la impunidad en Internet

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Tayla Harris cumplirá 23 años el próximo 16 de abril y más allá de su altura y calidad como deportista profesional, ya ha dado un ejemplo en su país que vale igualmente a cualquier escala. Con cinco años comenzó a jugar al muy popular fútbol australiano en su ciudad natal de Brisbane y  ya en 2016 se había convertido en una estrella local por sus méritos deportivos. Después de una compleja y muy comentada operación de traspaso en mayo de 2017, que involucró a cuatro equipos y a cinco jugadoras, Tayla pasó de las filas del Brisbane Lions a las del Carlton Football Club, uno de los equipos punteros de su competición y que actualmente lidera, pero no contenta con triunfar plenamente en un deporte que en su país forma parte de la cultura popular, inició una incursión en el boxeo que no le ha ido nada mal, pues ha salido victoriosa de los cuatro primeros combates que ha afrontado.

Tayla Harris
Esta espectacular instantánea publicada por la AFL Media desencadenó los ataques de los trolls en redes sociales y la reacción de Tayla Harris. Foto: Michael Willson

Pues bien. En marzo de este año de 2019, la AFL Media (la propia agencia de información de la Australian Football League) publicó en su perfil de Facebook la magnífica fotografía que ilustra este post, firmada por Michael Willson y tomada en un partido contra el Western Bulldogs. Inmediatamente se desencadenó una feroz reacción de decenas de trolls que en las redes sociales vomitaron todo tipo de comentarios sobre la fotografía, el gesto de esfuerzo completamente normal que en ella se plasma y, cómo no, sobre la persona de Tayla Harris, sus condiciones físicas… y su innegable belleza.

La reacción

La AFL Media reaccionó, como pasa en estos casos, de forma errática y eliminó la fotografía de su perfil para intentar que los ataques cesaran y así proteger la imagen de la deportista. Pero esto indignó a todos los que ya estaban mostrando públicamente su lógica indignación por los comentarios obscenos, insultantes u ofensivos que ya se habían publicado en las redes. Compañeras de Harris, compañeros de la liga masculina, directivos, otras y otros deportistas de diferentes disciplinas y, por supuesto, la ministra australiana para la Mujer, Kelly O’Dwyer, criticaron abiertamente la profusión de mensajes machistas o de matiz sexual lanzados con la excusa de una fotografía de un partido de fútbol. Finalmente, la AFL Media volvió a colgar en su perfil la imagen, y Tayla habló.

Lo primero que hizo fue publicar un tuit en el que, sobre la foto, puede leerse: “Aquí una foto mía en el trabajo… Pensad en ello antes de vuestros despectivos comentarios, animales“.

Tuit de Tayla Harris
Comentario de la deportista Tayla Harris en su perfil de Twitter.

Tayla denunció públicamente lo sucedido, el acoso al que se sentía sometida por comentarios de contenido sexual que por supuesto ya habían llegado y estaban afectando a sus familiares, y pidió que las autoridades tomen las medidas correspondientes para actuar contundentemente contra este tipo de ataques anónimos en las redes, y que no queden impunes. (Por su interés, ofrecemos aquí el enlace al vídeo de la rueda de prensa que ofreció Tayla Harris editado por el diario El País, por ofrecer la traducción al español subtitulada)

Las reacciones en el país se multiplicaron e incluso el primer ministro australiano, Scott Morrison, condenó públicamente con dureza los comentarios sexistas de los trolls en las redes sociales, aunque los medios locales aún esperan que las palabras se conviertan en hechos.

¿Quién actuará primero?

Por desgracia, los trolls existen en todas partes. Es un fenómeno global. Lamentablemente estas reacciones desaforadas que amparan la masa y el anonimato en Internet son comunes en todo el mundo, y provocan el mismo daño y la misma repulsa. Tristemente, esta realidad de la impunidad es terreno abonado no solo para la descalificación, el insulto y la acción de minar la imagen y el honor de las personas, sino también para que aflore ese machismo ofensivo, gratuito y tan vergonzante en pleno siglo XXI con el que hay que terminar.

Es evidente que los conceptos de civilización y de progreso no significan solamente tecnología, ni mucho menos. Son precisamente estos dos conceptos, que prioritariamente han de significar la mejora de la convivencia, los que en esta realidad actual que empieza a fusionar lo real y lo virtual obligan imperiosamente a los estados empezar a actuar con determinación para que una conquista tan importante como es la de la libertad de expresión no se invoque de forma perversa y pervertida para atacar el buen nombre, la imagen y el honor de las personas, el derecho fundamental de cualquiera y de todos a vivir en paz y sin sobresaltos dentro de la comunidad. A ver quién es el pionero.