Soy un hombre raro

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Me llaman el Hombre Raro. Vivo y participo en una realidad compleja y cambiante, en un tiempo difícil en el que se renuevan miedos e inquietudes y en el que también reaparecen incertidumbres y conflictos que creíamos olvidados. Soy espectador, víctima y agraciado de una transformación rápida e inevitable de una civilización agitada que también multiplica el conocimiento y las oportunidades. Y la exigencia. Soy un hombre del siglo XX tratando de entender el XXI para poder amarlo con intensidad adolescente, y busco correspondencia, desesperadamente, para disfrutar del turbador viaje, con destinos desconocidos, que me propone esta segunda parte de mi vida.

Son tiempos de ciencia, de curiosidad, de disrupción, de reciclaje, poco hospitalarios con el romanticismo y que presentan desafíos perversos a las personas hechas en el humanismo. Pero hermosos, igualmente. Y confío ciegamente en lograrlo. Confío en entender y en llegar a querer el espíritu revolucionario de este siglo XXI, quiero decir, y que me acoja como propio y que me quiera como suyo. A pesar de todo. No es mi casa, pero será mi hogar.

“Soy optimista. No prece muy útil ser otra cosa” (Winston Churchill).