Los que se sientan a ver lo que pasa…

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¿Qué sucede si la Justicia no es suficiente? No es el caso de que falle, no. Ni siquiera de que sea tan lenta que deje de ser verdadera Justicia para ser simplemente un sistema que da la razón a unos y se la quita o no se la otorga a otros, como está ocurriendo ya con una inquitante frecuencia. Pongámonos en que no es suficiente. ¿Qué significa esto? Pues que puede haber comportamientos inaceptables en una comunidad que, sin embargo, no sean punibles, o lo sean con una peligrosa levedad. ¿Puede haberlos? Los hay.

La difamación, esa cosa

Pongamos un ejemplo. La difamación se convirtió hace ya algún tiempo en una simple herramienta de uso bastante corriente en muchos contenidos de televisión, y no digamos en la redes sociales. ¿Es una práctica reprobable? Lo es. Pero se castiga de forma muy leve después de un tránsito lento, penoso y caro por la senda judicial, en el que hay que superar las diferentes interpretaciones subjetivas de la libertad de expresión y, por lo tanto, cada vez se denuncia menos. Entrando entonces en un círculo vicioso, crece aún más el uso de la difamación y aparece entonces la injuria, que es algo a la que esta sociedad empieza también a acostumbrarse. Deplorable pero cierto.

Los más crueles usuarios de estas “técnicas” suelen serlo de otras igualmente execrables, y la comunidad lo sabe. Pero como son hábiles para buscar ventajas que la parsimoniosa Justicia garantista concede, siguen campando a sus anchas. Al final son delincuentes por partida doble: por lo que hacen y por lo que dicen o escriben de otros.

La civilización es (ha de ser) armonía

La sociedad se dota de un sistema de Justicia común para que no sean los individuos quienes zanjen los problemas de convivencia según su libre criterio. De hecho, la Ley castiga a quien se toma “la Justicia por su mano” de determinadas maneras. Pero la comunidad no puede aceptar todo lo que no llegue a castigar la Justicia, por una razón u otra. Esa comunidad debe estar viva, ha de ser valiente y coherente y debe saber interpretar la forma de reprender los comportamientos que, como se suele decir últimamente, superan ciertas líneas rojas. No puede haber claque para determinadas actitudes, sino al contrario.

La civilización y el progreso no consisten en la libertad individual sin límites, por mucho que nos lo quieran hacer creer. Eso, en realidad, es involución. La civilización es armonía y por consiguiente es libertad con orden que proteja a los individuos a vivir en paz y a dar lo mejor de sí mismos para crear sinergias que mejoren la convivencia y favorezcan el progreso real. Y por eso hay que identificar a quienes violan esos principios básicos de la convivencia y no vale mirar a otro lado, ni querer ser “neutrales”. La tibieza de muchos es lo que da fuerza a los reventadores de la paz y la comunidad ha de ser capaz de aislar y reprender o al menos avergonzar a quienes no merecen ser queridos e incluso aceptados. Por cabrones.

“La vida es peligrosa no por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa” (Albert Einstein).