La huida hacia delante del tramposo al cuadrado

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Pinocho
Esas personas que no reconocen sus fallos y huyen hacia delante con mentiras y tratando de desviar las culpas…

De un tiempo a esta parte, y ojalá que fuera moda pasajera, aquello de “negar la mayor”, o la evidencia, o hasta la pura realidad objetiva cuando empiezan a pintar bastos se ha convertido en nuestro entorno en una estrategia recurrente, y muy triste, que con frecuencia se supera por la del irritante y deplorable “y tú más”, con o sin argumentos ciertos, e incluso, en el colmo del cinismo, por la de oponer inconsistentes tesis de complots, boicots o persecuciones y responder con contraataques irreflexivos y alocados que dan mucha vergüenza ajena. Hay manifestaciones y declaraciones, sobre todo en el ámbito agitado y cada vez más errático de la política, por qué no decirlo, ante las que no es posible no sorprenderse o no indignarse. O las dos cosas a la vez. Y la sensación es muy mala. La sensación que cualquiera tiene y padece cuando sabe que le están tomando el pelo abiertamente, sin maquillajes, es pésima.

El cambio global

Internet y más aún las redes sociales están cambiando las percepciones, los comportamientos, las relaciones, los conceptos, la convivencia… Todo. Están cambiando el mundo y eso ya lo asume una gran mayoría de la gente, lo cual provoca reacciones de la sociedad en su conjunto, a veces lentas, que al mismo tiempo obligan a otros cambios. Por eso hay muchas cosas que en otro momento estaban bien y hoy están mal, y al revés. Y es solamente que lo que antes se consideraba de una manera hoy se considera de otra. Pero la nobleza y la integridad son valores inalterables, y esto hay quien no lo entiende. La famosa “nube” no es solamente ese gran archivador virtual en el que incomprensiblemente estamos guardando nuestros ficheros, nuestros documentos, las muescas de nuestra vida para que estén a nuestra disposición en cualquier sitio y en cualquier momento. En esa dimensión virtual, ininteligible aún para la mayor parte de las personas, también está el ojo que todo lo ve y que nos tiene localizados y controlados en detalles que no creeríamos, y también hay una especie de memoria y de conciencia colectiva que no es posible esquivar. Antes las palabras se las llevaba el viento, pero ya no. Cualquier cosa que alguien diga, escriba o haga queda en un repositorio del que alguien la rescatará en el momento que corresponda. Y ante esto hay mucha gente que está reaccionando muy mal.

Un libro inspirador

El libro “Sé transparente y te lloverán clientes”, de Pablo Herreros, explica muy bien cómo en nuestra sociedad contemporánea cobra progresivamente más valor y sentido aquella frase de Mark Twain que decía “di siempre la verdad y no tendrás que acordarte de nada”. Para personas, para grupos o colectivos y para empresas, cada vez es más difícil mentir, y cada vez es más peligroso el riesgo que se corre al tratar de engañar a alguien, de esconder la verdad de las cosas. Las consecuencias pueden ser a veces impredecibles. Es imposible medir. Y lo que de pronto hemos conocido como el “riesgo reputacional” es palanca y stopper. Se hacen cosas y dejan de hacerse con este motivo, lo cual no tiene interiorizado mucha gente.

Ese cinismo máximo es prueba de ello. Aquellos que han de convivir con una cierta exposición pública deben entenderlo cuanto antes porque hacer el ridículo es ya el más leve peaje que tocará pagar por la falta de sinceridad, de transparencia o de humildad. Una cosa es luchar por tratar de demostrar una verdad y otra muy diferente huir hacia delante de manera visceral porque el impacto de todo lo que hoy se hace no se puede prever.

No asumir el error…

El error inicial más la posterior falta de responsabilidad para asumirlo y gestionarlo, incluso en la defensa, más finalmente la agresividad desbocada y el ataque a terceros para desviar las culpas es una mezcla fatal, una bomba que inexorablemente, de una forma u otra, explota en la cara del sujeto. Lo descalifica, arruina la percepción que de él tiene la comunidad y la vuelta atrás es muy difícil y muy lenta. Es muy penoso.

Hágase un favor y siga el consejo de Pablo Herreros. Sea transparente. No oculte ni engañe porque hoy en día que no le pillen es muy difícil. Pero sobre todo, sobre todo, si se empeña en no hacerlo bien, cuando le hayan pillado asuma. Luche lo que sea necesario para demostrar su verdad con respeto, prudencia y pruebas. Pero asuma, porque si no lo hace el perjuicio para su marca personal será terrible. Ya no será un tramposo, ni un tramposo multiplicado por dos. Sino un tramposo al cuadrado.