El buen Periodismo (con mayúscula)

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Periodismo
El buen Periodismo siempre funciona.

The New York Times, conocido como la “dama gris”, es uno de los grandes referentes del Gran Periodismo (con mayúsculas), un diario con 167 años de historia que ha sabido adaptarse como ninguno al siglo XXI y cuenta ya con más de cuatro millones de suscriptores digitales de pago. Su editor desde 2018 es Arthur Gregg Sulzberger, que ocupa un sillón en el que se sentaron su padre, su abuelo, su bisabuelo y su tatarabuelo, que compró la cabecera en 1896.

A sus 38 años, pues, A. G. Sulzberger es la quinta generación de la familia al frente del gigante neoyorquino, y vista la evolución del diario en los últimos meses, su voz merece atención, sobre todo cuando corren tiempos complicados para el negocio de la prensa a nivel global. Una coyuntura compleja en la que quien es capaz de salir adelante tiene mucho que decir, por supuesto.

Por el buen Periodismo

El mundo no necesita más contenido, sino gran periodismo –dijo A. G. a los empleados de la “dama gris” en su discurso de Navidad de 2018–. Hay suficientes perspectivas, podcasts de chats y vídeos de YouTube para aguantar hasta el apocalipsis. Sin embargo, siempre habrá una gran demanda de historias originales y análisis profundos que aporten matices y una mayor comprensión”. Esta es la vía periodística que está siguiendo Sulzberger, el criterio que mantiene con plena convicción y que continúa la línea emprendida en el cargo por su padre anteriormente, ya que The New York Times está aumentando su plantilla de periodistas a razón de cien al año desde 2014, de manera que ha pasado de 1.100 a 1.500 profesionales como igualmente The Washington Post, de Jeff Bezos, ha evolucionado en los dos últimos años desde los 600 a los 825. Y en estos tiempos señalados ambos diarios están aumentando también de forma constante su número de suscriptores digitales. Resulta que cada vez venden más su producto, cuando hace bien poco muchos daban por muertos a los periódicos.

Credibilidad, objetividad

El patrimonio principal de todo comunicador y de cualquier medio es su credibilidad, y los escasos ejemplos de modelos rentables en los tiempos actuales están revelando con toda claridad que es aquí donde las empresas periodísticas deben invertir: en profesionales capaces de contar las cosas con rigor y profundidad y desde la neutralidad, desde la desconexión emocional de los asuntos y la ausencia de interés propio en los mismos. Es decir, desde lo que académicamente se llamó siempre la objetividad.

La gran crisis del Periodismo de los diez últimos años se desencadenó por la explosión de las vías digitales y la multiplicación sin fin de la oferta informativa, incluso gratuita, coincidente con una tremenda crisis económica y financiera, igualmente, a escala global. La reacción de los medios convencionales fue errática, carente de visión y condicionada por unas cuentas de resultados preocupantes y en muchos casos dramáticas.

Todo esto, que se tradujo en el recorte de costes y con ello en el abaratamiento de las plantillas a través del despido de la mayoría de los periodistas más experimentados y fiables de cada casa para relevarlos por menos profesionales, derivó en una pobreza cualitativa del producto periodístico, en la injerencia creciente de los anunciantes en los contenido y en el tratamiento de los mismos y, definitivamente, en una pérdida de credibilidad de los medios. La crisis del sector se agravó con la pérdida de clientes (lectores, oyentes, televidentes…) y de influencia, e hizo necesaria una nueva reacción, que por desgracia fue igualmente perniciosa: la mayoría de los medios, y muchos periodistas, renunciaron a informar de las cosas para pasar a contarlas como una parte de la sociedad quiere que se las cuenten. Para no perderlos a todos, decidieron mantener a unos cuantos. Cada vez más tendenciosos, cada vez más crispación social.

La crisis se alarga

La consecuencia es que la crisis se alarga, los medios convencionales son cada vez menos influyentes, tienen menos impacto y llegada y no terminan de encontrar la fórmula para recuperar la confianza de la sociedad y, por consiguiente, no pueden ser independientes, y entonces deben obedecer los criterios de quienes aporten los ingresos que no se producen. Pero es que son contradictorios y no son creíbles. Y no son creíbles porque su reacción a los problemas ha sido renunciar a sus activos más valiosos y empobrecerse. Y así es imposible. Internet y las redes son una excusa. Los medios son peores y no son valiosos. Sulzberger y Bezos han apostado por más periodistas y mejor periodismo. Y están enseñando el camino que tarde o temprano tendrán que seguir todos los que quieran seguir siendo.