Dime quién te odia y te diré lo bien que vas

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Cumplir satisfactoriamente con las misiones (y no digamos con los objetivos), finalizar las tareas con éxito y salir airoso de cada reto es lo que buscamos siempre, pero del mismo modo que el triunfo exige dedicación, concentración y perseverancia, también provoca envidias, molesta en todos los casos a alguien y, en fin, despierta y pone en marcha a las personas tóxicas que de pronto se manifiestan con virulencia. En el tiempo de la transparencia, de las paredes de cristal, la exposición multiplica estos efectos “colaterales” del buen hacer y del buen fin. Hay que ser fuerte para levantarse después de caer, o para enderezar la marcha tras cualquier tropiezo, pero más aún para mantener la concentración cuando los acomplejados, los envidiosos y los perdedores comiencen con su decidida campaña de acoso y derribo.

Digan lo que digan

Nunca hay que rendirse. Hay que seguir el camino y no distraerse ni perder el tiempo con las personas tóxicas. Esto, que es hacer lo que corresponde en todo momento digan lo que digan y perseverar para construir, implica analizar, estudiar y aprovechar las críticas, y también identificar a los agentes perniciosos para ignorarlos, bloquearlos y evitar que puedan ejercer alguna presión o generar el mínimo estrés. De eso, ni hablar.

Y sobre todo, en el tiempo actual es primordial tener muy presente en todo momento que situarse en el centro de las iras de determinadas personas y hacer, a través del simple desempeño, que se conviertan en haters radicales no puede resultar incómodo jamás, ni siquiera en los casos de evidencia de comportamientos obsesivos patológicos, porque es la señal inequívoca de que el trabajo realizado es correcto.