Algo mucho más importante que un mero entretenimiento

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(Pinche aquí para acceder al post que antecede a este, “La desgraciada catarsis mediática de la política”, de la web gerardo-torres.com).

Pleno parlamentario
El Congreso de los Diputados, parte esencial del poder legislativo en España. Foto: congreso.es

No hablamos de política, sino de la política y de sus protagonistas en un momento concreto. Este que nos toca vivir. No hablamos de ideas ni de creencias, de derechas ni de izquierdas. Hablamos de personas y de actitudes. ¿Qué les pasa a los políticos? ¿Por qué nos están hablando a los ciudadanos como si fuéramos un atajo de incapaces que nos creemos cualquier cosa? ¿Por qué hacen tanto esfuerzo para empujarnos a unos contra otros? ¿Por qué los extremos, las palabras gruesas, las alarmas y las amenazas, el miedo a cosas que no han pasado? ¿Por qué ya no tratan de conseguir mi voto explicándome lo que quieren hacer de forma moderada y sosegada, sino incidiendo en la incapacidad y en la maldad de los demás? ¿Por qué lo que vale para unos no vale para otros, y por qué la misma acción es execrable y condenable si la protagonizan unos pero no merece atención si es cosa de los otros? ¿Y por qué cuando se piden explicaciones por algún comportamiento incoherente parece por la respuesta que los inútiles somos los ciudadanos, que no entendemos realmente las cosas como son ni sus matices? ¿Por qué tanto comportamiento vergonzante que se pasa por alto? ¿Por qué gente que debería sentirse abochornada saca pecho y llega a ser incluso la más faltona?

Caretas fuera

Hasta hace no mucho, la política exigía un código de conducta, cierta moderación en las formas, mensajes de una agresividad controlada que guardaran un respeto mínimo al contrincante político y sobre todo al conjunto de los ciudadanos, una altura de miras, en fin, para poder descartar determinadas palabras y acciones aunque pudieran servir para sumar un puñado de votos. En la actualidad parece que la notoriedad es lo más importante y que las actitudes mesuradas, alejadas de posiciones radicales, se identifican con una cierta falta de compromiso. Pareciera que no estar en los extremos es sospechoso, de no implicarse, de no “mojarse”, de no comprometerse, de ser ambiguo para dejar siempre todas las puertas abiertas.

Hay características de los discursos y de los mensajes habituales en el entorno político actual que son muy peligrosos porque se busca su incidencia en la emoción de las personas, porque se presentan en un contexto de competición que no corresponde, porque se intenta generar permanentemente indignación y sensación de abandono o de maltrato, y en todo esto tiene mucho que ver el esfuerzo mediático multiplicado desde hace ocho-nueve años por hacer que la sociedad se interese más por la política presentándola de otra manera, algo que no está mal si de lo que se trata es de humanizarla y de mostrarla desde una perspectiva más desenfadada, pero que es un horror si en el afán de convertirla en un espectáculo de masas empieza a valer todo. Canal + consiguió en su momento cambiar la manera de ver y de consumir el fútbol y la forma en que por ejemplo LaSexta presenta los asuntos políticos en los últimos años también ha transformado en cierta medida la percepción general de ese entorno. Las diferencias entre ambos ejemplos no son pocas, aunque hay una principal, y es que no es el mismo producto, tan bueno, uno como otro. Básicamente porque la política afecta “a las cosas de comer”, y con esas no se juega. Quien esto olvida, la insensatez porta.

El interés particular sobre el general

Asuntos trasnochados y otros absurdos, por qué no decirlo, vulgares ajustes de cuentas y comparecencias tan solemnes como vacuas capitalizan la información de actualidad un día tras otro, eclipsando a los problemas que seguramente preocupan a los ciudadanos porque son los que realmente les afectan. Pero es que de pronto la política vive en una burbuja mediática que hace perder la perspectiva de las cosas y, lo que es peor, el contacto con la realidad a muchos de quienes deciden servir a la sociedad, que es lo que realmente ha de mover a quien tiene un rol político, como también a algunos de los periodistas que han de contar y analizar las cosas que pasan, las que se hacen y se dicen, hasta el punto de situarse ellos, unos y otros, en el epicentro de la noticia y de considerarse erróneamente protagonistas de una función de la que creen que todos deberíamos estar pendientes, cuando a la sociedad, en verdad, lo que le interesa es más discreción y más eficiencia, y menos espectáculo y perpetuar conflictos.

El medio es el mensaje. Gran responsabilidad para quien domina el medio. Como dicen ahora, a alguien se le fue esto de las manos. Ducha fría en los platós y en las sedes parlamentarias, por favor.